El milagro de la inmovilidad: cuando negociar significa amputar

Si el 90 % ya está hecho pero la Dirección quiere dinamitarlo, ¿quién es realmente el obstáculo?


1. De dónde venimos

El convenio que hoy disfrutamos no cayó del cielo ni se imprimió solo en el BOE. Surgió de huelgas, encierros, asambleas y cafés fríos a las tantas. A base de dialéctica obrera y sudor colectivo se fue puliendo con múltiples directivas que hoy ya no firman correos motivacionales. Cada derecho costó una discusión, cada avance un pulso.

2. La propuesta de la parte social: modernizar sin romper

Salto a un convenio estatal. La plantilla vive realidades nuevas: teletrabajo, flexibilidad real, desconexión digital, conciliación. El Comité hace los deberes y pone sobre la mesa una propuesta continuista: un 90 % calcado del convenio actual y un 10 % de actualización para que no sigamos trabajando como si todavía lleváramos fax en el maletín.

3. La oferta de la Dirección: tijera y túnel del tiempo

Frente a esto, la Dirección decide traer su “visión de futuro”:

  • Recortes quirúrgicos en derechos consolidados.
  • Modificaciones radicales en jornadas, pluses y descansos.
  • Negativa redonda a incorporar las nuevas realidades que ya practica la competencia (pero claro, eso lo tuitean en plan “Employer of Choice”).

Vamos, una negociación estilo póker: “Te bajo la apuesta y, si no tragas, retiro las cartas”.

4. El momento SIMA: el mediador y su lógica de chicle

Reunión de mediación. El mediador lanza la perla:

Entiendo que estaréis de acuerdo en gran parte de la estructura, porque viene de un convenio ya existente”.

Hermosa suposición… excepto porque la Dirección ha plantado dinamita en esa misma estructura. ¿Cómo va a haber acuerdo si la empresa entra con el martillo neumático?

5. ¿Quién es el inmovilista?

  • La plantilla: trae un texto que mantiene el 90 % y mejora un 10 % para ajustarse a 2025, no a 1995.
  • La Dirección: se niega a mantener ni siquiera lo pactado durante décadas y, de propina, ignora teletrabajo, flexibilidad, guardias, subvención de comida digna, etc.

Conclusión demoledora: cuando uno acepta casi todo el marco vigente y otro propone resetearlo con descontroles “por eficiencia”, el inmovilista no es quien defiende la continuidad; es quien se ancla en el “quítate tú pa’ ponerme yo”.

6. Lógica aplastante (por si alguien aún duda)

  1. Si 90 % coincide → el desacuerdo se limita al 10 %.
  2. Si la Dirección veta el 90 % restante → el problema no es la RLT.
  3. Ergo, el freno está donde se pulsa el veto, no donde se mantiene la base histórica.

7. ¿Y ahora qué?

  • A la plantilla: toca apretar filas; quien recorta un derecho hoy, mañana te recorta la excusa para ir a recoger al crío.
  • A la Dirección: negociar no es sinónimo de “rebajar hasta que duela”.
  • Al mediador: la geometría variable solo funciona si ambos ejes se respetan. De lo contrario, la mediación se convierte en karaoke de buenas intenciones.

Moraleja final:
Si de verdad quieres avanzar, no traigas al quirófano un serrucho oxidado y llames “modernización” a cortar por lo sano. Modernizar es sumar, no restar. Y mientras la Dirección siga confundiendo flexibilidad con contorsionismo unilateral, el único acuerdo posible será aquel en el que la plantilla no pierda un milímetro de dignidad.

Por Monico Malatesta

Rebelde y valiente, Malatesta siempre ha luchado por sus derechos y se ha opuesto a cualquier forma de poder. De pluma afilada, tiene una gran habilidad para analizar los acontecimientos y para pelar plátanos.

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