Cómo hacer pasar el chantaje por “negociación” sin que se te caiga la corbata

¡Ah, las negociaciones colectivas! Ese noble arte donde dos partes supuestamente iguales se sientan a una mesa… y una de ellas viene con un reloj, una bomba, un business case y una sonrisa corporativa. Porque si algo hemos aprendido de la Dirección de Siemens RA es que la palabra “oferta” ya no significa “propuesta para mejorar condiciones”, sino “esto o nada… y corre el reloj, pringao”.

Sí, porque resulta que, después de hacer un business case, lanzaron la mejor oferta posible™, pero con fecha de caducidad, como si fuera un yogur. “Tenéis hasta el viernes”, dijeron, como si estuviéramos eligiendo entre ir al dentista o explotar. ¿Que no firmáis? Pues el deal desaparece y continuamos con el roadmap. ¡Puf! Magia. Ilusionismo laboral. David Copperfield en versión Recursos Humanos. Bueno, más bien del estilo del Mago Pop.

Y uno se pregunta: si esa era la mejor oferta, ¿por qué ponerle fecha de muerte? ¿Tenía alergia al calendario? ¿Se oxidaba si la mirabas demasiado? No, amigos. Lo que tenía era olor a chantaje envuelto en offer sheet. Porque esto no va de falta de dinero, va de exceso de soberbia.

Lo más bonito de todo es cómo lo disfrazan. “Queremos cerrar un acuerdo”, dicen. Claro que sí. Y yo quiero un unicornio que pague el alquiler, la guardería, la gasolina y el Netflix. Pero aquí nadie negocia cuando pone una pistola sobre la mesa (aunque la pistola venga con logo, carpeta y aroma a café de máquina).

¿Y qué hacemos nosotros, los trabajadores? Pues nada. Algunos todavía creen que si sonríen lo suficiente y tragan, igual la empresa se da cuenta de que tienen corazón. Spoiler: no. La Dirección no tiene corazón. Tiene KPIs. Y un Excel que decide si mereces una paguilla este año o no.

Así que no, no toca agachar la cabeza ni correr a firmar lo primero que tiran como hueso al perro. Toca no tragarse la comedia de la urgencia, no bailar al ritmo del reloj que ellos pusieron, y sobre todo, dejar de actuar como si fuéramos afortunados de tener migajas.

Porque esto no ha sido una negociación. Ha sido una performance de poder con traje caro, y si no te indignas al verla, quizás ya estás demasiado acostumbrado a vivir dentro del truco.

Notas para sobrevivir reuniones con traje sin perder la cordura:

Business case:

Un PDF con gráficos de colores y lenguaje pomposo que se usa para justificar cualquier idea absurda que ya estaba decidida desde antes.

“Hemos hecho un business case para cerrar la planta… y sorpresa, nos sale rentable. Para nosotros, claro.”


Deal:

Una oferta que suena a Las Vegas pero viene sin glamour, sin suerte y sin posibilidad de ganar.

“Es un buen deal”, dicen. Claro. Para ellos. Para ti es una bajada de sueldo con envoltorio anglosajón.


Roadmap:

Una serie de pasos que nunca se cumplirán, con fechas inventadas y flechitas bonitas, que sirven para simular que hay un plan cuando todo es puro caos.

“Está en el roadmap para el Q3” = olvídate, pero suena a que estamos haciendo algo.


KPI:

La excusa matemática que se usa para medir tu productividad sin tener idea de lo que haces. Lo mejor es que estos indicadores los define gente que no ha hecho tu trabajo ni un solo día en su vida, pero que decide cuántos clientes debes atender, cuántos segundos puede durar tu llamada y cuántas veces se te permite parpadear por hora sin que baje la productividad.

“No llegaste al KPI” = trabajaste un montón, pero no cuadraste con la fórmula mágica del Excel sagrado.

Por Monico Malatesta

Rebelde y valiente, Malatesta siempre ha luchado por sus derechos y se ha opuesto a cualquier forma de poder. De pluma afilada, tiene una gran habilidad para analizar los acontecimientos y para pelar plátanos.

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