Hay nombres que ya nacen con vocación de sátira. Antes se llamaba Recursos Humanos, que al menos tenía la honestidad brutal de decirte dos cosas: que eras un recurso y que, con suerte, todavía quedaba algo humano en el departamento.
Ahora se llama P&O: People & Organization.
People. Personas.
Organization. Organización.
El orden ya dice bastante. Primero te nombran como persona, luego te organizan hasta que se te pasa.
Porque P&O suena moderno, limpio, internacional, casi terapéutico. Parece el nombre de una consulta donde alguien te va a escuchar con atención, validar tus emociones y ayudarte a construir una carrera profesional plena. Luego abres el correo corporativo y descubres que no: que era otra campaña con iconos redonditos, mucho “bienestar”, mucha “flexibilidad” y la misma conclusión de siempre: “consulta con tu mánager”.
People, pero sin pasarse
Lo de “People” es entrañable. Porque cada vez que una empresa necesita recordarte que eres una persona, conviene comprobar si aún tienes pulso o si ya te han convertido en una línea de Excel.
En teoría, P&O debería estar para cuidar la relación entre empresa y plantilla. En la práctica, muchas veces parece estar para envolver decisiones empresariales en papel reciclado, ponerles una palabra en inglés y mandarlas con un saludo amable.
No se recorta teletrabajo: se “redefine el modelo híbrido”.
No se empeoran condiciones: se “ajusta el marco de flexibilidad”.
No se congela el salario: se “mantiene una política retributiva prudente en un contexto desafiante”.
El lenguaje corporativo es maravilloso porque permite decir “no” durante tres párrafos sin que aparezca la palabra “no” ni una sola vez.
Organization, eso sí, mucha
Si algo no falta es organización. Organización para mandar comunicaciones. Organización para hacer campañas. Organización para convocar sesiones. Organización para lanzar encuestas. Organización para crear marcos, modelos, journeys, toolkits, dashboards, playbooks y cualquier otra palabra que parezca salida de una reunión donde nadie se atrevió a preguntar: “¿Esto para qué coño sirve?”.
Pero cuando se trata de actualizar salarios, mejorar cargas de trabajo, recuperar teletrabajo, reforzar plantilla o dar respuestas claras, la organización entra en modo contemplativo.
De pronto todo es complejo.
Todo requiere análisis.
Todo necesita validación.
Todo está sujeto a las necesidades del negocio.
La empresa real y la empresa de las campañas
Hay una distancia enorme entre la empresa real y la empresa que aparece en las campañas internas.
En la empresa de las campañas, todo el mundo sonríe mirando al infinito. Hay diversidad, confianza, sostenibilidad, propósito, escucha activa, liderazgo consciente y gente con camisa blanca señalando una pizarra.
En la empresa real, la plantilla madruga, ficha, viaja, resuelve incidencias, sostiene proyectos, absorbe cargas, aguanta urgencias, salva plazos imposibles y luego recibe un correo explicándole lo importante que es “cuidarse”.
Gracias. Muy útil.
Y, por alguna razón, parece que hay más presupuesto para las frases que para las condiciones.
El gran negocio del humo amable
Hay dinero para campañas poscapitalistas de cartón piedra.
Campañas de bienestar.
Campañas de pertenencia.
Campañas de confianza.
Campañas de escucha.
Campañas de cultura.
Campañas de “tú importas”.
“Tú importas” es una frase preciosa. El problema es que, cuando llega la nómina, una persona trabajadora no puede ir al supermercado y decir: “No tengo subida salarial, pero traigo una campaña de pertenencia”.
No funciona.
Prueba a pagar el alquiler con “employee experience”. A ver qué dice el casero.
Las campañas se usan como ambientador corporativo para tapar lo que huele mal: salarios que no acompañan, teletrabajo recortado, conciliación condicionada, cargas crecientes, promoción opaca y una distancia cada vez mayor entre el discurso y la vida real.
P&O no trabaja para la plantilla
Hablemos claro, dejemos los mundos de Yupi: P&O no está para defender a la plantilla. Está para gestionar personas desde los intereses de la Dirección; sí, de la Dirección, ni siquiera de la empresa.
Eso no es una acusación. Es una descripción funcional.
Lo vomitivo es que, en los últimos tiempos, esa función se ha disfrazado de abrazo; se ha convertido la vida laboral en una campaña permanente de autoayuda empresarial.
Menos People de escaparate y más humanidad concreta
Puede llamarse Recursos Humanos, People & Organization, Human Experience, Talent Ecosystem o Departamento de Sonrisas Estratégicas. Da igual.
La plantilla no mide la humanidad por el nombre del departamento. La mide por hechos.
Por si se actualizan los salarios.
Por si se respeta la conciliación.
Por si se recupera el teletrabajo.
Por si se negocian los cambios.
Por si se escucha al Comité.
Por si se responde con claridad.
Por si se cuida a quien sostiene el trabajo real.
Por si las palabras tienen consecuencias.
Porque lo humano no está en llamarse People. Lo humano está en no tratar a la gente como material gestionable.
Porque P&O puede sonar muy moderno, pero la plantilla ya ha aprendido a traducir.

